La Gran Contaminación

Hace 2.500 millones de años

Hablar de vida es hablar de oxígeno. Salvo en lugares tan extraños y, a la vez, tan comunes como nuestro intestino, las barricas de fermentación del vino o los géisers de Yellowstone, allí donde vive apaciblemente el oso Yogui, los organismos terrestres necesitan del oxígeno para vivir.

En principio, buscar las huellas de la vida es seguirle la pista al oxígeno. Una búsqueda que comienza mirando más en detalle nuestros puentes y nuestras acerías. Porque el hierro con el que hacemos puentes y barcos proviene de una época muy remota, entre hace 3.500 y 2.500 millones de años. Entonces no había oxígeno en la atmósfera pero sí había bacterias en el mar y en pequeñas charcas que lo producían. ¿Dónde iba a parar ese oxígeno?

Reaccionaba con las grandes cantidades de hierro que había en los océanos, formando enormes acúmulos de óxido de hierro en el fondo marino: son las formaciones de hierro bandeado. Es de estos lugares donde sacamos el hierro que necesitamos para construir nuestra civilización. Pero llegó el día en que no quedó más hierro que oxidar en los océanos y el oxígeno escapó a la armósfera, produciéndose la primera gran contaminación de la historia del planeta.

Todos aquellos seres vivos que no supieron adaptarse a la nueva atmósfera creada con el producto de deshecho de las cianobacterias, desaparecieron o tuvieron que ocultarse en lugares donde no les alcanzara el oxígeno.

Pero la consecuencia más importante es que el oxígeno oxidó el metano atmosférico -que es un gas invernadero- provocando la glaciación Huroniana, que congeló todo el planeta y duró unos 400 millones de años.